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viernes, 26 de septiembre de 2014

PSICOANÁLISIS Y EDUCACIÓN


EL TIEMPO DEL ESTUDIO SE PRODUCE

El tiempo del estudio se produce. En la formación humana no hay acumulación de datos o conocimientos, hay articulación de significantes que producen un saber. Y por las características del aparato psíquico, donde acontece este proceso de aprendizaje, la conciencia a través de los órganos de la percepción, recibe una información que no puede almacenar, pasando a otra instancia que recibe estas huellas verbales a la que llamamos memoria. La memoria organiza por afinidad, temporalidad y repetición lo significante de cada tema. Esta operación se realiza de manera inconsciente, actuando mecanismos psíquicos como: la condensación, el desplazamiento, la puesta en escena, la elaboración secundaria, las resistencias… Siendo de todos ellos el mecanismo de la Represión el fundante del pensamiento, los afectos, los sueños, los síntomas, los lapsus, el humor, los actos fallidos y también los olvidos, los actos fallidos y los recuerdos, tan importantes en la educación.
El aprendizaje se produce (no es innato o natural o previo) con trabajo cuando acontece una articulación significante de conceptos, es decir el sujeto de la experiencia, el estudiante está implicado en la operación del aprendizaje. Y como solos nada podemos, también forman parte del proceso educativo: los educadores, los padres, los familiares, los médicos, los periodistas, los políticos…
En el proceso de aprendizaje se trata de ¿enseñar o dejar aprender? Educar es una tarea imposible en el sentido de que siempre hay que tener en cuenta al sujeto de la experiencia, en este caso al educando que decidió posicionarse como alumno. Es cierto que el educador desempeña una función imprescindible (ya que nadie nace sabiendo y solos nada podemos). En todo aprendizaje el que enseña algo aprende y el que aprende algo enseña. El lenguaje no tiene dueño ni esclavos, todos tenemos el derecho a ser usuarios en el campo del lenguaje, de la función de la palabra.
Partiendo de la poesía (histórico instrumento de conocimiento) y el psicoanálisis (científico método en la producción de saber), sabemos que humana-mente se puede aprender a aprehender.
(continuará)

Del texto “Psicoanálisis y educación”
Dr. Carlos Fernández

martes, 4 de mayo de 2010

EL SUEÑO DE EXAMEN.


Todo aquel que ha terminado con el examen de grado sus estudios de bachillerato puede testimoniar de la tenacidad con que le persigue el sueño de angustia de que va a ser suspendido y tendrá que repetir el curso, etc. Para el poseedor de un título académico se sustituye este sueño típico por el de que tiene que presentarse al examen de doctorado, sueño durante el cual se objeta en vano que hace ya muchos años que obtuvo el deseado título y se halla ejerciendo la profesión correspondiente. En estos sueños es el recuerdo de los castigos que en nuestra infancia merecieron nuestras faltas lo que revive en nosotros y viene a enlazarse a los dos puntos culminantes de nuestros estudios, al dies irae, dies illa de los rigurosos exámenes. El «miedo de examen» de los neuróticos halla también un incremento en la citada angustia infantil. Terminados nuestros estudios, no es ya de nuestros padres, preceptores o maestros, de quienes hemos de esperar el castigo a nuestras faltas, sino de la inexorable concatenación causal de la vida, la cual toma a su cargo continuar nuestra educación, y entonces es cuando soñamos con los exámenes -¿y quién no ha dudado de su éxito?- siempre que tememos que algo nos salga mal en castigo a no haber obrado bien o no haber puesto los medios suficientes para la consecución de un fin deseado; esto es, siempre que sentimos pesar sobre nosotros una responsabilidad.

A una interesante observación de un colega, conocedor de estas cuestiones, debo un más amplio esclarecimiento de tales sueños, pues me llamó la atención sobre el hecho, por él comprobado, de que el sueño de tener que doctorarse nuevamente era siempre soñado por personas que habían salido triunfantes de dicho examen y nunca por aquellas otras que en él habían sido suspensas. Estos sueños de angustia, que suelen presentarse cuando al día siguiente ha de resolverse algo importante para nosotros, habrían, pues, buscado en el pretérito una ocasión en que la angustia se demostró injustificada y quedó contradicha por el éxito. Tendríamos aquí un singular ejemplo de interpretación errónea del contenido onírico por la instancia despierta. La objeción interpretada como rebelión contra el sueño: «Pero ¡si ya tengo el título!», etc., sería, en realidad, un aliento proporcionado por el mismo: «No temas; recuerda el miedo que sentiste antes del examen de doctorado y recuerda que nada malo te pasó. Hoy tienes ya tu título», etc. Resulta, pues, que la angustia que atribuíamos al sueño procedía de los restos diurnos. Esta explicación se ha demostrado cierta en todos los sueños de este género, propios y ajenos, que he podido investigar. La medicina legal, asignatura en la que fui suspenso, no me ha ocupado jamás en sueños, mientras que muchas veces he soñado examinarme de Botánica, Zoología y Química, disciplinas en las que mi miedo al examen estaba muy justificado, pero que aprobé por especial favor del Destino o del examinador. Entre las asignaturas de segunda enseñanza escogen siempre mis sueños la Historia, disciplina en la que rayé a gran altura, pero sólo porque mi amable profesor -el tuerto de otro sueño (pág. 358)- se dio cuenta de que al devolverle el programa había hecho con la uña una señal, junto a la segunda pregunta, para advertirle que no insistiera mucho sobre ella. Uno de mis pacientes, que aprobó el examen de doctorado y fue luego suspendido en la Audiencia Militar, me ha confirmado que sueña muchas veces con el primer examen y jamás con el último (se trataba de W. Stekel).

Los sueños de examen presentan, para la interpretación, aquella dificultad que antes señalamos como característica de los sueños típicos. El material de asociaciones que el sujeto pone a nuestra disposición rara vez resulta suficiente, y de este modo, sólo por la reunión y comparación de numerosos ejemplos nos es posible llegar a la inteligencia de estos sueños. Recientemente experimenté en un análisis la segura impresión de que la frase: «Pero ¡si ya eres doctor !», etc., no se limita a encubrir una intención alentadora, sino que entraña también un reproche: «Tienes ya muchos años y has avanzado mucho en la vida; mas, a pesar de ello, sigues haciendo bobadas y niñerías.» El contenido latente de esos sueños correspondería, pues, a una mezcla de autocrítica y aliento, y siendo así, no podremos extrañar que el reproche de seguir cometiendo «bobadas» y «niñerías» se refiera, en los ejemplos últimamente analizados, a la repetición de actos sexuales, contra los que hay algo que se opone en nosotros. W. Stekel, que adelantó la primera interpretación de un sueño de examen ('Matura'), era de la opinión que habitualmente se relacionaban con tests sexuales y con madurez sexual. Mi experiencia ha confirmado a menudo este punto de vista.
La Interpretación de los sueños. S. Freud.