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viernes, 26 de septiembre de 2014

PSICOANÁLISIS Y EDUCACIÓN


EL TIEMPO DEL ESTUDIO SE PRODUCE

El tiempo del estudio se produce. En la formación humana no hay acumulación de datos o conocimientos, hay articulación de significantes que producen un saber. Y por las características del aparato psíquico, donde acontece este proceso de aprendizaje, la conciencia a través de los órganos de la percepción, recibe una información que no puede almacenar, pasando a otra instancia que recibe estas huellas verbales a la que llamamos memoria. La memoria organiza por afinidad, temporalidad y repetición lo significante de cada tema. Esta operación se realiza de manera inconsciente, actuando mecanismos psíquicos como: la condensación, el desplazamiento, la puesta en escena, la elaboración secundaria, las resistencias… Siendo de todos ellos el mecanismo de la Represión el fundante del pensamiento, los afectos, los sueños, los síntomas, los lapsus, el humor, los actos fallidos y también los olvidos, los actos fallidos y los recuerdos, tan importantes en la educación.
El aprendizaje se produce (no es innato o natural o previo) con trabajo cuando acontece una articulación significante de conceptos, es decir el sujeto de la experiencia, el estudiante está implicado en la operación del aprendizaje. Y como solos nada podemos, también forman parte del proceso educativo: los educadores, los padres, los familiares, los médicos, los periodistas, los políticos…
En el proceso de aprendizaje se trata de ¿enseñar o dejar aprender? Educar es una tarea imposible en el sentido de que siempre hay que tener en cuenta al sujeto de la experiencia, en este caso al educando que decidió posicionarse como alumno. Es cierto que el educador desempeña una función imprescindible (ya que nadie nace sabiendo y solos nada podemos). En todo aprendizaje el que enseña algo aprende y el que aprende algo enseña. El lenguaje no tiene dueño ni esclavos, todos tenemos el derecho a ser usuarios en el campo del lenguaje, de la función de la palabra.
Partiendo de la poesía (histórico instrumento de conocimiento) y el psicoanálisis (científico método en la producción de saber), sabemos que humana-mente se puede aprender a aprehender.
(continuará)

Del texto “Psicoanálisis y educación”
Dr. Carlos Fernández

sábado, 26 de noviembre de 2011

AUTOBIOGRAFÍA. SIGMUND FREUD (1924-1925)

SE ESTABLECE COMO MÉDICO EN VIENA.




Antes de regresar a Viena permanecí varias semanas en Berlín dedicado a adquirir algunos conocimientos sobre las enfermedades de la infancia, pues el doctor Kassowitz, de Viena, que dirigía un Instituto de enfermedades de la niñez, me había prometido establecer una sala destinada a las enfermedades nerviosas infantiles. En Berlín fui amablemente acogido por Adolf Baginsky. Durante mi actividad en el Instituto de Kassowitz publiqué luego varios trabajos sobre las parálisis cerebrales de los niños. A estos trabajos se debió más tarde, en 1897, el encargo que me hizo Nothnagel de tratar esta materia en su magno Manual de la terapia general y especial.
En otoño de 1886 me establecí como médico en Viena y contraje matrimonio con la mujer que era, hacía ya más de cuatro años, mi prometida, y me esperaba en una lejana ciudad. Por cierto que, siendo aún novia mía, me hizo perder una ocasión de adquirir fama ya en aquellos años juveniles. En 1884 llegó a interesarme profundamente el alcaloide llamado cocaína, por entonces muy poco conocido, y lo hice traer de Merck en cierta cantidad para estudiar sus efectos fisiológicos. Hallándome dedicado a esta labor, se me presentó ocasión de hacer un viaje a la ciudad donde residía mi novia, a la que no veía hacía ya dos años, y puse término rápidamente a mi publicación, prediciendo que no tardarían en descubrirse amplias aplicaciones de aquel alcaloide. Antes de salir de Viena encargué a mi amigo el doctor Königstein, oculista, que investigase en qué medida resultaban aplicables las propiedades anestésicas de la cocaína en las intervenciones propias de su especialidad. A mi vuelta encontré que no Königstein, sino otro de mis amigos, Carl Koller (actualmente en Nueva York), al que también había hablado de la cocaína, había llevado a cabo decisivos experimentos sobre sus propiedades anestésicas, comunicándolos y demostrándolos en el Congreso de Oftalmología de Heidelberg.
Koller es, por tanto, considerado, con razón, como el descubridor de la anestesia local por medio de la cocaína, tan importante para la pequeña cirugía. Por mi parte, no guardo a mi mujer rencor alguno por la ocasión perdida.
Mi establecimiento como neurólogo en Viena data, como antes indiqué, del otoño de 1886. A mi regreso de París y Berlín me hallaba obligado a dar cuenta en la Sociedad de Médicos de lo que había visto y aprendido en la clínica de Charcot. Pero mis comunicaciones a esta Sociedad fueron muy mal acogidas. Personas de gran autoridad, como el doctor Bamberger, presidente de la misma, las declararon increíbles. Meynert me invitó a buscar en Viena casos análogos a los que describía y a presentarlos a la Sociedad. Mas los médicos en cuyas salas pude hallar tales casos me negaron la autorización de observarlos. Uno de ellos, un viejo cirujano, exclamó al oírme: «Pero ¿cómo puedes sostener tales disparates? Hysteron (sic) quiere decir «útero». ¿Cómo, pues, puede un hombre ser histérico?» En vano alegué que no pedía la aceptación de mis diagnósticos, sino tan sólo que se me dejara disponer de los enfermos que eligiera.
Por fin encontré, fuera del hospital, un caso clásico de hemianestesia histérica en un sujeto masculino y pude presentarlo y demostrarlo ante la Sociedad de Médicos. Esta vez tuvieron que rendirse a la evidencia pero se desinteresaron en seguida de la cuestión. La impresión de que las grandes autoridades médicas habían rechazado mis innovaciones, obtuvo la victoria y me vi relegado a la oposición con mis opiniones sobre la histeria masculina y la producción de parálisis histéricas por medio de la sugestión. Cuando poco después se me cerraron las puertas del laboratorio de Anatomía cerebral y me vi falto de local en el que dar mis conferencias, me retiré en absoluto de la vida académica y de relación profesional. Desde entonces no he vuelto a poner los pies en la Sociedad de Médicos. Continúa…

martes, 30 de marzo de 2010

LOS FAMILIARES DE LOS ENFERMOS



Es un hecho comprobado que la asistencia a un enfermo, desempeña un importante papel en la génesis de afecciones psíquicas y perturbaciones físicas, en aquellos casos que precisan de los familiares una dedicación casi exclusiva.
Ciertas enfermedades crónicas, alguna situación de invalidez, ancianos y niños precisando atención personal diaria, suceden en casi todas las familias.
Y más allá de la complejidad de cada caso y la política sanitaria que asesora a los familiares poniendo los medios posibles al alcance, además de todo el apoyo de amigos, sabemos que la implicación de algunos familiares en la atención y cuidado personal del enfermo, repercute sobre cualquier función anímica y vegetativa del “enfermero”.
La persona cuyo pensamiento se haya absorbido durante meses enteros por los mil y un cuidado que impone la asistencia a un enfermo se habitúa, en primer lugar, a reprimir todas las manifestaciones de su propia emoción, y en segundo, aparta su atención de todas sus impresiones personales, pues la falta tiempo y energía para atender a ellas. De este modo almacena el enfermero una multitud de impresiones susceptibles de afecto, apenas percibido por él, pero si recibidas por el aparato psíquico y sistema de defensa del cuidador. Creándose así un material de retención (emociones censuradas, sentimientos parentizados y conversaciones reprimidas) que por no ser derivado adecuadamente por vía psíquica, pueden alcanzar una resolución somática o rebosamiento psíquico, afectándose en ambas circunstancias tanto la salud física como la psíquica.
Si el enfermo sana, queda todo este material desvalorizado; pero si muere, sobreviene un periodo de tristeza y luto, durante el cual sólo aquello que se relaciona con el desaparecido posee un valor para el superviviente. Entonces llega la hora de las impresiones retenidas, que esperan una derivación, y después de un intervalo de agotamiento puede surgir en el familiar, que atendió a pie de cama al enfermo, una dolencia.
Bien cierto es que ninguna de estas afecciones presenta, una relación casual, con la dolencia del ser querido enfermo. También podemos afirmar que en situaciones similares o en aquellos casos que fueron atendidos por varios familiares turnándose en la función, puede alguno de ellos ser más susceptible a una dolencia o presentar una tolerancia diferente de sus funciones vitales.
Ya la medicina antigua procuraba lugares y acompañantes para los enfermos y a lo largo de la civilización se han ido perfeccionando los medios empleados en la terapéutica, pero es desde principios del siglo XX cuando el psicoanálisis formula por primera vez en la historia de la civilización: la existencia del psiquismo como inconsciente, es decir una implicación del sujeto con lo que le sucede, a través de complejos mecanismos, operaciones y sistemas que conforman el aparato psíquico.
Ahora sabemos de la existencia en el sujeto psíquico de la culpa como sentimiento, del beneficio extraordinario que puede tener el remordimiento, del complejo entramado de ambivalencia afectiva de amor y odio, de la primitiva envidia capaz de maltratar en el sujeto lo más querido, de las ideas suicidas ante el dolor de la infinitud y un largo elenco de afectos que pueden cursar, resolviéndose, como síntomas en el cuerpo o en el alma. Con el alma no se puede acabar, pero si se puede analizar.
Y no hay acuerdo posible universal sobre lo familiar, de ahí la infinidad de dioses y la imposible relación de cada amante, en el amor, con lo amado.

Dr. Carlos Fernández Del Ganso
Médico Psicoanalísta