Mostrando entradas con la etiqueta consciente. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta consciente. Mostrar todas las entradas

viernes, 8 de enero de 2016

TRATAMIENTO DE LOS MIEDOS Y LAS FOBIAS

I

El miedo es constitutivo, es un límite de lo humano. Los “miedos” sin embargo hablan de un conflicto anímico en la aceptación de las carencias, que por nacer de humanos, señalan que el semejante no me pertenece, que al otro nunca se le puede “tener”, ni se puede “ser” lo que le complete. Nacemos de padre y madre, nacemos carentes y somos deudores de una muerte segura.
Una de las maneras de resolver este conflicto son las fobias, que hace siglos fueron pensadas como degeneración mental o alteraciones en la función del sistema nervioso. Posteriormente con el descubrimiento del mecanismo psíquico y la etiología de esta afección clínica que denominamos fobia, se posibilita un tratamiento eficaz de la fobia y de la angustia concomitante que siempre le acompaña. Hoy sabemos los especialistas que no existe degeneración mental y forman parte de la neurosis.
Hay dos grandes grupos de fobia que se diferencian por el objeto de la angustia:
a)    Las comunes, miedos exagerado a cosas a lo que todo el mundo teme algo, como la noche, la muerte, las serpientes…
b)    Las fobias ocasionales en las que emerge una angustia en circunstancias especiales que no inspiran temor al hombre sano, así la agorafobia y las demás fobias de locomoción. En este segundo caso el paciente evita cuidadosamente las situaciones en las que surge el estado afectivo de la angustia.
En la agorafobia (temor a los espacios abiertos o lugares de donde no se podría huir o pedir ayuda) se encuentra con frecuencia el recuerdo de un ataque de angustia, y en realidad lo que el paciente teme es la emergencia de tal ataque en aquellas circunstancias especiales en las que cree no podría escapar de él ( un coche, un ascensor, un teatro…) la angustia existente en las fobias no se deriva de ningún recuerdo, por lo que habrá que escuchar en el sujeto lo que ese estado emotivo representa como señal.
El deseo fóbico se especifica como un deseo prevenido, es decir todo aquello que es del orden de la “prevención” suscita el deseo en la fobia. Considerando la fobia no como una entidad clínica sino un “cambia-vía” que puede girar hacia una histeria, una obsesión o hacia la perversión.
(continuará)

Dr. Carlos Fernández del Ganso
Médico- Psicoanalista

Teléfono: 918830213 – 676242844

viernes, 8 de mayo de 2015

PROBLEMAS FAMILIARES Y DE PAREJA


( y 3 )

Continuando con el texto íntegro del doctor Sigmund Freud, publicado hace cien años y de total vigencia:
“Poco después, cuando el niño llega a conocer las múltiples vinculaciones sexuales entre el padre y la madre, cuando comprende que pater Semper incertus est, mientras que la madres es certissima, la novela familiar experimente una restricción peculiar: se limita en adelante a exaltar al padre, pero ya no duda del origen materno, aceptándolo como algo inalterable. Esta segunda fase (sexual) de la novela familiar es sustentada asimismo por otra motivación que falta en la primera fase (asexual). Con el conocimiento de los procesos sexuales surge en el niño la tendencia a imaginarse situaciones y relaciones  eróticas, tendencia que es impulsada por el deseo de colocar a la madre – objeto de la más intensa curiosidad sexual – en situaciones de secreta infidelidad y de relaciones amorosas ocultas. De tal modo aquellas primeras fantasías, en cierto modo asexuales, se ponen a la altura de los nuevos conocimientos adquiridos.
Además, el tema de la venganza y de la ley del talión, que en la fase anterior ocupaba el primer plano, reaparece también aquí. Por regla general, estos niños neuróticos son precisamente aquellos que fueron castigados por sus padres para corregir sus hábitos sexuales y que ahora se vengan de ellos mediante tales fantasías.
Los hermanos menores son los que más particularmente tienden a utilizar estas creaciones imaginativas para privar a los hermanos mayores de sus prerrogativas (igual que sucede en las intrigas históricas) y a menudo no vacilan en adjudicar a la madre tantas relaciones amorosas como competidores fraternos encuentran. Puede darse entonces una interesante versión de esta novela familiar, en la cual su protagonista y autor vuelve a reclamar la legitimidad para sí mismo, mientras que elimina a los hermanos y hermanas, proclamándolos ilegítimos. Otros intereses particulares puede orientar asimismo la novela familiar cuya múltiples facetas y cuya vasta aplicabilidad la tornan accesible a toda clase de tendencias. Así, por ejemplo, el pequeño fantaseador puede eliminar la prohibitiva relación de parentesco con una hermana a la Cajal se siente sexualmente atraído.
Quien se sienta inclinado a apartarse con horror de esta depravación del alma infantil, y aún esté tentado de negar que tales cosas sean posibles, habrá de tener en cuenta que todas estas obras de ficción, aparentemente tan plenas de hostilidad, no son en realidad tan malévolas, y hasta conservan, bajo tenue disfraz, todo el primitivo afecto del niño por sus padres. La infidelidad y la ingratitud son sólo aparentes, pues si se examina en detalle la más común de estas fantasías novelescas, es decir, la sustitución de ambos padres, o sólo del padre, por personajes más encumbrados, se advertirá que todos estos nuevos padres aristocráticos están provistos de atributos derivados exclusivamente de recuerdos reales de los verdaderos y humildes padres, de modo que en realidad el niño no elimina al padre, sino que lo exalta. Más aún: todo ese esfuerzo por reemplazar al padre real con uno superior es sólo la expresión de la añoranza que el niño siente por aquel feliz tiempo pasado, cuando su padre el parecía el más noble y fuerte de los hombres, y su madre, la más amorosa y bella mujer. Del padre que ahora conoce se aparta hacia aquel en quien creyó durante los primeros años de la infancia; su fantasía no es, en el fondo, sino la expresión de su pesar por haber perdido esos días tan felices. Así, en estas fantasías vuelve a recuperar su plena vigencia la sobrevaloración que caracteriza los primeros años de la infancia. El estudio de los sueños ofrece una interesante contribución a dicho tema, pues su interpretación enseña que, incluso en años avanzados, cuando en un sueño aparecen las figuras encumbradas del emperador y de la emperatriz, ellas representan siempre al padre y a la madre del soñante. De donde la sobrevaloración infantil de los padres subsiste asimismo en los sueños de los adultos normales”.

Dr. Carlos Fernández del Ganso
Medico-Psicoanalista
Tel. 918830213 – 676242844



lunes, 4 de mayo de 2015

PROBLEMAS FAMILIARES Y DE PAREJA




(2)

Son frecuentísimas las oportunidades en las cuales el niño es menospreciado o en que por lo menos se siente menospreciado, en las cuales siente que no recibe el pleno amor de sus padres o, principalmente, lamenta tener que compartirlo con hermanos y hermanas. La sensación de que su propio afecto no es plenamente retribuido se desahoga entonces en la idea, a menudo conscientemente recordada desde la más temprana infancia, de ser un hijastro o un hijo adoptivo. Numerosas personas que no han llegado a la neurosis recuerdan a menudo ocasiones de esta especie, en las cuales, influidos generalmente por alguna lectura, interpretaron así las  actitudes hostiles de los padres y reaccionaron en consecuencia. Ya aquí se evidencia, empero, la influencia del sexo, pues el varón se inclina mucho más a desplegar impulsos hostiles contra el padre que contra la madre, y mucho más también a liberarse de aquel que de ésta. A este respecto, la actividad imaginativa de la niña tiende a ser mucho más atenuada. Estos impulsos psíquicos de la infancia, conscientemente recordados, nos ofrecen el factor que ha de permitirnos comprender el mito (El mito del nacimiento del héroe). Aquí podríamos hablar de la culpa inconsciente, pero lo dejamos para mejor ocasión. Pido paciencia a los lectores del boletín.

Este incipiente extrañamiento de los padres, que puede designarse como novela familiar de los neuróticos, continúa con una nueva fase evolutiva que raramente subsiste en el recuerdo consciente, pero que casi siempre puede ser revelada por el psicoanálisis. En efecto, tanto la esencia misma de la neurosis como la de todo talento superior tienen por rasgo característico una actividad imaginativa de particular intensidad que, se manifiesta primero en los juegos infantiles, dominando más tarde, hacia la época prepuberal, todo el tema de las relaciones familiares. Un ejemplo característico de este tipo particular de fantasías lo hallamos en el conocido ensueño diurno, que persiste mucho más allá de la pubertad. Examinando detenidamente estos sueños diurnos, comprobamos que sirven a la realización de deseos y a la rectificación de las experiencias cotidianas, persiguiendo principalmente dos objetivos: el erótico y el ambicioso, aunque tras este último suele ocultarse también el fin erótico. Hacia la época mencionada, la imaginación del niño se dedica, pues, a la tarea de liberarse de los padres menospreciados y a reemplazarlos por otros, generalmente de categoría social más elevada. En esta relación el niño aprovechará cualquier coincidencia oportuna que le ofrezcan sus experiencias reales – como los encuentros con el señor feudal o el terrateniente, si vive en el campo, o con algún dignatario o aristócrata en la ciudad -, despertando dichas vivencias casuales la envidia del niño, que luego se expresa en la fantasía de sustituir al padre y a la madre por otros más encumbrados. La técnica aplicada para realizar tales fantasías – que en ese período son, por supuesto, conscientes – depende de la habilidad y del material que el niño encuentre a su disposición. También es importante considerar si las fantasías son elaboradas con mayor o menor afán de verosimilitud. Esta fase se alcanza en una época en la cual el niño ignora todavía las condiciones sexuales de la procreación.

 (continuará)

Dr. Carlos Fernández del Ganso
Medico-Psicoanalista
Tel. 918830213 – 676242844


viernes, 24 de abril de 2015

PROBLEMAS FAMILIARES Y DE PAREJA




(1)

         En el año 1909, Sigmund Freud publica el ensayo titulado “La novela familiar del neurótico” en donde podemos leer: “Cuando el individuo, a medida de su crecimiento, se libera de la autoridad de sus padres, incurre en una de las consecuencias más necesarias, aunque también una de las más dolorosas que el curso de su desarrollo le acarrea. Es absolutamente inevitable que dicha liberación se lleve a cabo, al punto que debe haber sido cumplida en determinada medida por todo aquel que haya alcanzado un estado normal. Hasta el progreso mismo la sociedad reposa esencialmente sobre esta oposición de las generaciones sucesivas. Por otra parte, existe cierta clase de neuróticos cuyo estado se halla evidentemente condicionado por el fracaso ante dicha tarea”.

         Así en la vida adulta podemos ser testigos de la gran dificultad para pactar con otros que no despierten inconscientemente (a través del mecanismo de la identificación) algo familiar o conocido. Hay refranes al uso: “más vale lo malo conocido, que lo bueno por conocer” y con esos pensamientos, resulta muy difícil construir un proyecto de salud, educación o cultura, si vale más lo malo que lo bueno porque ello conlleva una modificación en la personalidad del adulto, socio, compañero o amante.

         Para el niño pequeño los padres son, al principio, la única autoridad y la fuente de toda fe. El deseo más intenso y decisivo de esos años infantiles es el de llegar a  parecérseles, el deseo de llegar  a ser grande como el padre y la madre. Pero a medida que progresa el desarrollo intelectual es inevitable que el niño descubra poco a poco las verdaderas categorías a las cuales sus padres pertenecen. Conocen a otros padres, los compara con los propios y llega así a dudar de las cualidades únicas e incomparables que les había adjudicado.

         Pequeñas experiencias de su vida infantil, que despiertan en él un sentimiento de disconformidad, lo incitan a emprender la crítica de los padres y aprovechar, en apoyo de esta actitud contra ellos, la ya adquirida noción de que otros padres son, en muchos sentidos, preferibles a los suyos. La psicología de las neurosis nos ha enseñado que a este resultado coadyuvan, entre otros factores, los más intensos impulsos de rivalidad sexual. Las ocasiones que los motivan tienen por tema evidente el sentimiento de ser despreciado.

 (continuará)

Dr. Carlos Fernández del Ganso
Medico-Psicoanalista
Tel. 918830213 – 676242844


martes, 23 de noviembre de 2010

AUTOBIOGRAFÍA. SIGMUND FREUD (1924-1925)

PSICOPATOLOGÍA DE LA VIDA COTIDIANA

Del mismo modo que de la interpretación onírica se sirve el análisis del estudio de los frecuentísimos actos fallidos y sintomáticos de los hombres, actos a los cuales he dedicado una investigación, publicada en 1904 bajo el título de Psicopatología de la vida cotidiana. Esta obra, que ha sido muy leída, integra la demostración de que tales fenómenos no tienen nada de casuales, siendo susceptibles de una explicación que va más allá de lo puramente fisiológico, poseyendo un sentido perfectamente interpretable y reposando en impulsos e intenciones retenidas o reprimidas. Pero el valor principal de la interpretación onírica y de este estudio de los actos fallidos y sintomáticos no consiste en el apoyo que prestan a la labor analítica, sino en otra de sus cualidades. Hasta ahora, el psicoanálisis se había ocupado solamente de la solución de fenómenos patológicos, habiéndose visto obligado a edificar para su esclarecimiento hipótesis, cuyo alcance se hallaba fuera de relación con la importancia de la materia tratada. Pero el sueño, del que se ocupó después, no era ningún síntoma patológico, sino un fenómeno de la vida anímica normal, propio de todo hombre sano. Si el sueño se halla construido como un síntoma, y si su explicación exige las mismas hipótesis, o sea, las referentes a la represión de impulsos instintivos, a la formación de sustituciones y transacciones y a la diferenciación de los sistemas psíquicos para la localización de lo consciente y lo inconsciente, resultará que el psicoanálisis no es ya una ciencia auxiliar de la Psicopatología, sino el principio de una psicología nueva y más fundamental, indispensable también para la comprensión de lo normal. Podemos, pues, transferir sus hipótesis y resultados a otros dominios de lo psíquico, quedándose así abiertos los caminos que conducen al interés general. Continúa…