sábado, 19 de febrero de 2011

"NO VE LA ROSA" de MIGUEL OSCAR MENASSA a escena


NO VE LA ROSA EN EL TEATRO


Ayer disfruté de un espectáculo: una representación teatral de un guión escrito en 1989, hablando de lo que sucede a los múltiples hombres y mujeres con las múltiples mujeres y hombres que nos habitan.
Cuando se ha leído una novela y después se puede disfrutar de ella en el cine o teatro, el espectador puede ser un crítico contaminado por la sucesión de unos hechos que cree conocer, esperando la frase exacta y la mueca correspondiente.
Y cuando lo que se representa respeta el texto, por haber sido correctamente adaptado (en este caso tomando material del propio autor), el producto sorprende en su puesta en escena, como un sueño, y permite la singularidad artística creando no sólo un escenario inédito, sino al propio espectador incluido en un tiempo recurrente marcado y puntuado por la labor grupal, de un equipo técnico, que ha sido trabajado también por el guión.
Palabra y cuerpo bailando un tango en una obra teatral ejecutada por Chicky Álvarez y Elena Conchello, representando distintos personajes de No Ve La Rosa, obra de Miguel Menassa, que ayer jueves 17 de febrero de 2011, pudimos contemplar en el Salón de Actos Fundación Progreso y Cultura en la calle Maldonado 53 de Madrid.
La ficha técnica, desglosa una serie de trabajadores: bastidores de condensación y desplazamiento son los mecanismos que la poesía permite en todos los géneros. Tal vez radique ahí el éxito que puede alcanzar esta obra: los actores son interpretados por una escucha poética y ahí, se puede soñar.
Evaristo: “yo soy el muerto que habla”
Josefina: “no soy tus sueños, soy la quietud más íntima que te impide soñar”
La obra, en su momento de concluir, dice en boca de Josefina, la misma frase con la que, en el instante de ver, comenzó Evaristo: “todo me da miedo, ya que nada de lo que diga podrá estar alejado de mí sino la longitud de mi brazo derecho que es, normalmente, el brazo que extiendo para tocar más allá, de mis labios, un cuerpo”
El tiempo de comprender es algo que invito a presenciar a todos ustedes. Una obra de teatro y una puesta en escena que genera el deseo de volver a leer y volver al teatro.


Carlos Fernández

viernes, 18 de febrero de 2011

AUTOBIOGRAFÍA. SIGMUND FREUD (1924-1925)

DIFUSIÓN DEL PSICOANÁLISIS

La oposición oficial no ha podido evitar la difusión del psicoanálisis en Alemania y en otros países. En otro lugar -Historia del movimiento psicoanalítico- he seguido las etapas de sus progresos y citado a sus principales representantes. En 1909 fuimos invitados Jung y yo por G. Stanley Hall para dar en la Clark University, de Norteamérica, cuyo presidente era, varias conferencias en alemán durante las fiestas con que dicha Universidad celebrada el vigésimo aniversario de su fundación.
Hall era un psicólogo y pedagogo muy reputado justificadamente, y había integrado el psicoanálisis en sus enseñanzas hacía ya varios años, pues era muy aficionado a introducir novedades y a elevar sobre el pavés nuevas autoridades, sin perjuicio de derrocarlas después.
En Norteamérica encontramos también a James J. Putnam, neurólogo de Harvard, que, a pesar de su avanzada edad, abrigaba un caluroso entusiasmo por el psicoanálisis, y defendió con todo el peso de su personalidad, generalmente respetada, el valor cultural de la nueva disciplina y la pureza de sus intenciones. En este excelente hombre, que como reacción a una disposición a la neurosis obsesiva había adoptado una orientación predominantemente ética, nos contrariaba sólo su deseo de agregar el psicoanálisis a un determinado sistema filosófico y colocarle al servicio de aspiraciones morales. Mi encuentro con el filósofo William James me dejó también una duradera impresión. Yendo un día de paseo con él, se detuvo de repente, me entregó una cartera que llevaba en la mano y me pidió que me adelantase, prometiendo alcanzarme en cuanto dominara el ataque de angina de pecho, que sentía próximo. Un año después moría en uno de estos ataques, y desde entonces me he deseado un análogo valor ante la muerte. Por entonces tenía yo cincuenta y tres años; me sentía joven y sano, y mi corta estancia en el Nuevo Mundo me tonificó considerablemente, aumentando mi confianza en mí propio.
En Europa me parecía sentirme bajo los efectos de una anatema, y en cambio, en América me vi acogido como un igual por aquellos a quienes yo consideraba y respetaba más. Cuando subí a la cátedra de la Universidad de Worcester para pronunciar mis conferencias sobre psicoanálisis creía asistir a la realización de inverosímil fantasía optativa. El psicoanálisis no era ya, pues, un ente de razón, sino una valiosa realidad. Desde mi visita no ha disminuido en América el interés que el psicoanálisis inspiraba ya. Se ha hecho popular entre los profanos y es reconocido por muchos psiquiatras oficiales como un importante elemento de la enseñanza médica. Desgraciadamente, también ha sufrido algunas injustificadas atenuaciones, y algo que nada tiene que ver con él se cubre a veces con su nombre. Cierto es que los médicos americanos carecen en su país de medios de ilustrarse en lo que respecta a la técnica y a la teoría psicoanalíticas. Por último, se tropieza con el behaviourism americano, que se vanagloria ingenuamente de haber suprimido por completo el problema psicológico.
En Europa hubo, de 1911 a 1913, dos movimientos de separación del psicoanálisis, iniciados por personas que hasta entonces habían desempeñado un papel considerable en la recién aparecida ciencia. Me refiero a Alfredo Adler y a C. G. Jung. Ambas defecciones fueron harto peligrosas y agruparon en derredor de sus iniciadores núcleos importantes; pero no debían su fuerza a su contenido propio, sino al deseo de emanciparse de ciertos resultados del psicoanálisis, aun aceptando el material de hechos en el que se basaban. Jung intentó una traducción de los hechos analíticos a lo abstracto e impersonal, traducción por medio de la cual creía ahorrarse el reconocimiento de la sexualidad infantil y del complejo de Edipo y la necesidad del análisis de la infancia. Adler pareció alejarse aún más del psicoanálisis, negando en absoluto la importancia de la sexualidad, refiriendo la formación del carácter y de las neurosis a la aspiración de poderío de los hombres y a su necesidad de compensar su inferioridad constitucional, y anulando todas las nuevas adquisiciones psicológicas del psicoanálisis. Pero todo lo que entonces rechazó ha forzado luego la entrada de su cerrado sistema, cambiando únicamente de nombre. La crítica fue muy benigna para ambos heréticos, y, por mi parte, sólo pude alcanzar que tanto Adler como Jung renunciaran a dar a sus teorías el nombre de psicoanálisis. Actualmente, transcurridos diez años, puede comprobarse que ninguna de estas dos tentativas ha causado perjuicio alguno al psicoanálisis.
Cuando una comunidad se halla fundada en una coincidencia sobre determinados puntos cardinales es natural que salgan de ella aquellos que han abandonado dicho terreno común. Sin embargo, se ha atribuido con frecuencia la defección de antiguos discípulos míos a mi intolerancia o se ha visto en ella la expresión de una fatalidad especial que sobre mí pesaba. Contra este indicaré exclusivamente que frente a aquellos que me han abandonado, como Jung, Adler, Stekel y otros se alza gran número de personas -tales como Abraham, Eitingon, Ferenczi, Rank, Jones, Brill, Sachs, Pfister, Van Emden, Reik y otros- que me son adeptos desde hace más de quince años, durante los cuales han colaborado fielmente conmigo, y con los que vengo manteniendo una ininterrumpida amistad. Cito aquí únicamente a aquellos discípulos míos más antiguos que se han creado ya un nombre en la literatura del psicoanálisis, y la omisión de otros más modernos no significa en modo alguno una menor estimación, pues entre ellos hay inteligencias en las que pueden fundarse grandes esperanzas. Un hombre intolerante y absorbente no hubiera podido conservar en derredor suyo una tan numerosa legión de personas de alta intelectualidad, sobre todo no poseyendo, como no poseo, medio alguno práctico de atracción. Continúa…

jueves, 17 de febrero de 2011

AUTOBIOGRAFÍA. SIGMUND FREUD (1924-1925)

LA REALIDAD PSÍQUICA. EL COMPLEJO DE EDIPO


Pero cuando logré reponerme de la primera impresión deduje en seguida de mi experiencia las conclusiones acertadas, o sea, las de que los síntomas neuróticos no se hallaban enlazados directamente a sucesos reales, sino a fantasías optativas, y que para la neurosis era más importante la realidad psíquica que la material. Tampoco creo haber podido «sugerir» a mis pacientes tales fantasías de corrupción. Fue éste mi primer contacto con el complejo de Edipo, que después había de adquirir tan extraordinaria importancia para el psicoanálisis; pero entonces no llegué a vislumbrarlo debajo de su fantástico disfraz. De todos modos, la corrupción efectuada en la infancia conservó un lugar, aunque más modesto, en la etiología de la neurosis. En estos casos reales los corruptores habían sido casi siempre niños de más edad. La función sexual existía, pues, desde un principio, se apoyaba primeramente en las demás funciones importantes para la conservación de la vida y se hacía luego independiente, pasando por un largo y complicado desarrollo hasta llegar a constituir lo que conocemos con el nombre de vida sexual normal del adulto.
Se manifestaba primero como actividad de toda una serie de componentes instintivos dependientes de zonas somáticas erógenas, componentes que aparecían en parte formando pares antitéticos (sadismo-masoquismo, instinto de contemplación-exhibicionismo), partían, independientemente uno de otros, a la conquista del placer y encontraban generalmente su objeto en el propio cuerpo. De este modo, la función sexual no se hallaba al principio centrada y era predominantemente autoerótica. Más tarde tenían efecto en ella diversas síntesis. Un primer grado de organización aparecía bajo el predominio de los componentes orales; luego seguía una fase sádicoanal, y sólo la tercera fase, posteriormente alcanzada, traía consigo la primacía de los genitales, con lo cual entraba la función sexual al servicio de la reproducción.

Continúa…

martes, 15 de febrero de 2011

DISCURSO DE INGRESO DEL DR. CARLOS FERNANDEZ A LA ASOCIACION ESPAÑOLA DE MEDICOS ESCRITORES Y ARTISTAS

Miércoles 16 de febrero a las 19.30 horas
Organización Médica Colegial (OMC)
Plaza de las Cortes 11, 3ª planta
El discurso lleva como título "POETAS: MÉDICOS DEL ALMA", y la contestación correrá a cargo del Dr. Emiliano Morales Rodríguez


Entrada libre

EL DÍA DESPUÉS, HUELGA DECIR ...

Después de leer diferentes medios de difusión, escuchar las fuerzas vivas de aquí y de allí, huelga decir que: aquel partido político que sea capaz de realizar alianzas, con otra corporación política, esta más capacitado para liderar y gobernar una sociedad justa donde el trabajo es un don, la salud y la educación derechos inalienables.
Los pactos son los que otorgan la fuerza, energía e inteligencia necesaria y el grupo el que posibilita la materialización del proyecto social.
Sabemos no obstante que el poder es una visión particular del mundo y que las ideas acerca del poder hablan en soledad. Revisemos en cuestión nuestras ideas acerca del poder, pues el poder no habla, programa, mata en silencio, casi sin pasión.
Sabemos que en toda verdad siempre hay un poderoso ganando terreno, siempre un desatinado matando por matar.
Nos llama la atención que ciertas siglas puedan combinarse y realizar pactos para gobernar y otras siglas (léase partido político) esperen la voz del rival para tener voto. Huelga decir, es un ejemplo: IU espera la decisión del PP para votar lo mismo, es decir IU se transforma en el PP. El PP se transforma en el partido de los trabajadores, eso dicen sus dirigentes y proponen ESPERANZA para resolver religiosamente los problemas del país. El PSOE realiza alianzas con el PNV y saca delante los presupuestos generales del estado, sabemos que las ideas vigorosas necesitan una economía que las sustente.
Y huelga decir que cuando los políticos no realizan sus tareas llegan las encuestas arriba y las encuestas debajo de la prensa rosa y amarilla señalando a un personaje público de la farándula rosa, como tercera fuerza política si decidiese presentase a unas elecciones generales. CIU espera ser ella, pero el belén armado por el descolorido periodismo de investigación, huelga decir, que lo que sucede es normal.
Huelga decir que si IU se transforma en el PP, Llamazares y Rajoy serán próximamente despedidos engrosando la lista de pre-parados para gobernar.
Huelga decir que los residentes en este país queremos seguir viviendo en España y que es de omnipotentes querer dar cuenta uno mismo y en solitario, de lo que se acaba de escribir.
Con respecto a la salud, huelga decir que no hay salud sin modelos ideológicos que así lo permitan.
Con respecto a la educación, huelga decir que educar es necesario para la historia de la civilización, pero no podemos dejar de pensar que educar es, de alguna manera, dominar. Enseñarle a sumar al pueblo para que sepa los impuestos que tiene que pagar. Enseñarle a hablar para que comprendan nuestras ideas. Algo en la educación todavía no comprendemos.
Huelga decir de la cultura que hay que hacerlo todo como si fuera verdad. Caligrafía estéril, la de los siglos. La poesía vaga sin saber, pero sabe.
Y para concluir huelga decir que un cambio de política no quiere decir exactamente, un cambio de ideología. Gobernar no debería basarse en ninguna otra cosa que en la construcción de un conocimiento.
Huelga decir que sin la lectura de textos científicos y poéticos poco o casi nada se puede. Gracias a todos por todo.
La rosa que engalana el ojal izquierdo de mi chaqueta tiene en la voz mi voto.
Dr. Carlos Fernández

martes, 8 de febrero de 2011

AUTOBIOGRAFÍA. SIGMUND FREUD (1924-1925)


Varios colaboradores de esta colección inician sus trabajos haciendo resaltar la espinosa singularidad de su contenido. Para mí resulta aún más ardua la labor, pues en los repetidos trabajos de este género que tengo ya publicados he tropezado siempre con que la especial naturaleza del tema obligaba a hablar de mí mismo más de lo que generalmente es costumbre o se juzga necesario. Mi primera exposición del desarrollo y el contenido del psicoanálisis quedó integrada en las cinco conferencias que la Clark University, de Worcester (Estados Unidos), me invitó a pronunciar en sus aulas durante las fiestas con que celebró el vigésimo aniversario de su fundación (1909).
Recientemente he escrito para una publicación americana Los comienzos del siglo XX, cuyos lectores hicieron honor a la importancia de nuestra disciplina reservándola en un capítulo especial otro trabajo análogo. En el mismo intervalo, la revista Jahrbuch der Psychoanalyse publicó un ensayo mío, titulado Historia del psicoanálisis, que contiene ya todo lo que aquí pudiera comunicar. Siéndome imposible contradecirme, y no queriendo repetir sin modificación lo ya expuesto en otros lugares, habré de intentar establecer en el presente trabajo una nueva proporción de elementos subjetivos y objetivos, fundiendo lo biográfico con lo histórico.
Nací el año 1856, en Freiberg (Moravia), pequeña ciudad de la actual Checoslovaquia. Mis padres eran judíos, confesión a la que continúo perteneciendo. De mis ascendientes por línea paterna creo saber que vivieron durante muchos años en Colonia; emigraron en el siglo XIV o XV hacia el Este obligados por una persecución contra los judíos, y retornaron luego en el siglo XIX a través de Lituania y Galitzia, estableciéndose en Austria. Cuando tenía yo cuatro años me trajeron mis padres a Viena, ciudad en la que he seguido todos los grados de instrucción.
En el Gymnasium conservé durante siete años el primer puesto, gozando así de una situación privilegiada y siéndome dispensados casi todos los exámenes. Aunque nuestra posición económica no era desahogada, quería mi padre que para escoger carrera atendiese únicamente a mis inclinaciones. En aquellos años juveniles no sentía predilección especial ninguna por la actividad médica, ni tampoco la he sentido después. Lo que me dominaba era una especie de curiosidad relativa más bien a las circunstancias humanas que a los objetos naturales, y que no había reconocido aún la observación como el medio principal de satisfacerse.
Continúa…

jueves, 3 de febrero de 2011

LAS PULSIONES. EL NARCISISMO - AUTOBIOGRAFÍA Sigmund Freud (1924-25)

Nada tan necesario en Psicología como la existencia de una teoría básica sobre la que pueda continuarse edificando. Falto de toda base de este orden, ha tenido el psicoanálisis que crear por medio de sucesivos tanteos una teoría de los instintos. Así, estableció primero la antítesis de instintos del yo (conservación-hambre) e instintos libidinosos (amor), sustituyéndola después por la de libido narcisista y libido objetiva. Pero tampoco dijo con esto su última palabra, pues ciertas reflexiones de naturaleza biológica parecían prohibirle satisfacerse con la hipótesis de una única especie de instintos. En los trabajos de mis últimos años (Más allá del principio del placer, Psicología de las masas y análisis del «yo» y El «yo» y el «Ello») he dejado libre curso a mi tendencia a la especulación, contenida durante mucho tiempo, y he intentado una nueva solución del problema de los instintos. He reunido la conservación del individuo y de las especies bajo el concepto de Eros, oponiendo a éste el instinto de muerte o de destrucción, que labora en silencio. El instinto es concebido, en general, como una especie de elasticidad de lo animado; esto es, como una aspiración a reconstituir una situación que existió ya una vez, y fue suprimida por una perturbación exterior.
Esta naturaleza esencialmente conservadora de los instintos queda explicada por los fenómenos de la repetición obsesiva. La colaboración y el antagonismo del Eros con el instinto de muerte constituyen para nosotros la imagen de la vida. La cuestión es que esta construcción teórica se demuestra útil. Aspira esencialmente a fijar una de las representaciones teóricas más importantes del psicoanálisis, pero traspasa considerablemente los límites de esta disciplina. De nuevo he tenido que oír la despectiva afirmación de que no puede confiarse en una ciencia cuyos conceptos superiores son tan poco precisos como el de la libido y el del instinto en el psicoanálisis, pero este reproche se funda en un total desconocimiento de la cuestión. Continúa…