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martes, 8 de febrero de 2011

AUTOBIOGRAFÍA. SIGMUND FREUD (1924-1925)


Varios colaboradores de esta colección inician sus trabajos haciendo resaltar la espinosa singularidad de su contenido. Para mí resulta aún más ardua la labor, pues en los repetidos trabajos de este género que tengo ya publicados he tropezado siempre con que la especial naturaleza del tema obligaba a hablar de mí mismo más de lo que generalmente es costumbre o se juzga necesario. Mi primera exposición del desarrollo y el contenido del psicoanálisis quedó integrada en las cinco conferencias que la Clark University, de Worcester (Estados Unidos), me invitó a pronunciar en sus aulas durante las fiestas con que celebró el vigésimo aniversario de su fundación (1909).
Recientemente he escrito para una publicación americana Los comienzos del siglo XX, cuyos lectores hicieron honor a la importancia de nuestra disciplina reservándola en un capítulo especial otro trabajo análogo. En el mismo intervalo, la revista Jahrbuch der Psychoanalyse publicó un ensayo mío, titulado Historia del psicoanálisis, que contiene ya todo lo que aquí pudiera comunicar. Siéndome imposible contradecirme, y no queriendo repetir sin modificación lo ya expuesto en otros lugares, habré de intentar establecer en el presente trabajo una nueva proporción de elementos subjetivos y objetivos, fundiendo lo biográfico con lo histórico.
Nací el año 1856, en Freiberg (Moravia), pequeña ciudad de la actual Checoslovaquia. Mis padres eran judíos, confesión a la que continúo perteneciendo. De mis ascendientes por línea paterna creo saber que vivieron durante muchos años en Colonia; emigraron en el siglo XIV o XV hacia el Este obligados por una persecución contra los judíos, y retornaron luego en el siglo XIX a través de Lituania y Galitzia, estableciéndose en Austria. Cuando tenía yo cuatro años me trajeron mis padres a Viena, ciudad en la que he seguido todos los grados de instrucción.
En el Gymnasium conservé durante siete años el primer puesto, gozando así de una situación privilegiada y siéndome dispensados casi todos los exámenes. Aunque nuestra posición económica no era desahogada, quería mi padre que para escoger carrera atendiese únicamente a mis inclinaciones. En aquellos años juveniles no sentía predilección especial ninguna por la actividad médica, ni tampoco la he sentido después. Lo que me dominaba era una especie de curiosidad relativa más bien a las circunstancias humanas que a los objetos naturales, y que no había reconocido aún la observación como el medio principal de satisfacerse.
Continúa…

lunes, 22 de noviembre de 2010

AUTOBIOGRAFÍA. SIGMUND FREUD (1924-1925)

MECANISMOS PSÍQUICOS DEL TRABAJO ONÍRICO

Pero cuando surge tal peligro y el sueño se hace demasiado preciso, lo interrumpe el durmiente, despertando asustado (sueño de angustia). Este mismo fallo de la función onírica surge cuando el estímulo exterior se hace tan intenso que no puede ser ya rechazado. El proceso que transforma con la colaboración de la censura las ideas latentes en el contenido manifiesto ha sido denominado por mí elaboración onírica, y consiste en una elaboración especial del material ideológico preconsciente, por lo cual quedan condensados los componentes de dicho material, desplazados sus acentos psíquicos, transformado su conjunto en imágenes visuales, o sea, dramatizado, y completado por una elaboración secundaria, que lo hace irreconocible. La elaboración onírica es un excelente ejemplo de los procesos que se desarrollan en los más profundos estratos inconscientes de la vida anímica, procesos que se diferencian considerablemente de los procesos intelectuales normales que nos son conocidos. Tal elaboración presenta también una serie de rasgos arcaicos; por ejemplo, el empleo de un simbolismo predominantemente sexual, que ya hemos hallado exento de este carácter en otros dominios de la actividad espiritual.
La conexión del impulso instintivo inconsciente del sueño con un resto diurno da al sueño por él provocado un doble valor para la labor analítica. La interpretación muestra, en efecto, que, además de constituir la realización de un deseo reprimido, puede el sueño haber continuado la actividad mental preconsciente diurna e integrar otro contenido cualquiera, dando expresión a un propósito, a una advertencia, a una reflexión o nuevamente a una realización de deseos. El análisis lo utiliza en ambos sentidos, tanto para el conocimiento de los procesos conscientes del analizado como de sus procesos inconscientes, y aprovecha asimismo la circunstancia de que el sueño logra el acceso a los elementos olvidados de la vida infantil para vencer la amnesia infantil por medio de la interpretación onírica.
El sueño lleva aquí a cabo una parte de la función que antes encomendábamos al hipnotismo. En cambio, no he hecho jamás la afirmación que con frecuencia se me atribuye de que la interpretación onírica demostraba que todos los sueños poseen un contenido sexual o se refieren a energías instintivas sexuales. Es fácil observar que el hambre, la sed y otras necesidades crean sueños de satisfacción, del mismo modo que cualquier impulso reprimido, sexual o egoísta. Los sueños de los niños pequeños nos ofrecen una fácil demostración de la exactitud de nuestra teoría. En estos sujetos infantiles, en los cuales no se hallan aún precisamente diferenciados los sistemas psíquicos ni desarrolladas profundamente las represiones, comprobamos con frecuencia sueños que no son sino satisfacciones no disfrazadas de impulsos optativos no satisfechos durante el día. Bajo la influencia de necesidades imperativas pueden producir también los adultos tales sueños de tipo infantil. Continúa…