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domingo, 16 de mayo de 2010

PSICOANÁLISIS: II.- LA CATARSIS


De las investigaciones que constituían la base de los estudios de Breuer y míos se deducían, ante todo, dos resultados: primero, que los síntomas histéricos entrañan un sentido y una significación, siendo sustitutivos de actos psíquicos normales; y segundo, que el descubrimiento de tal sentido incógnito coincide con la supresión de los síntomas, confundiéndose así, en este sector, la investigación científica con la terapia. Las observaciones habían sido hechas en una serie de enfermos tratados con la primera paciente de Breuer, o sea por medio del hipnotismo, y los resultados parecían excelentes hasta que más adelante se hizo patente su lado débil. Las hipótesis teóricas que Breuer y yo edificamos por entonces estaban influidas por las teorías de Charcot sobre la histeria traumática y podían apoyarse en los desarrollos de su discípulo P. Janet, los cuales, aunque publicados antes que nuestros Estudios, eran cronológicamente posteriores al caso primero de Breuer. En aquellas nuestras hipótesis apareció desde un principio, en primer término, el factor afectivo; los síntomas histéricos deberían su génesis al hecho de que un proceso psíquico cargado de intenso afecto viera impedida en algún modo su descarga por el camino normal conducente a la conciencia y hasta la motilidad, a consecuencia de lo cual el afecto así represado tomaba caminos indebidos y hallaba una derivación en la inervación somática (conversión). A las ocasiones en las que nacían tales representaciones patógenas les dimos Breuer y yo el nombre de traumas psíquicos, y como pertenecían muchas veces a tiempos muy pretéritos, pudimos decir que los histéricos sufrían predominantemente de reminiscencias. La catarsis era entonces llevada a cabo en el tratamiento por medio de la apertura del camino conducente a la conciencia y a la descarga normal del afecto. La hipótesis de la existencia de procesos psíquicos inconscientes era, como se ve, parte imprescindible de nuestra teoría. También Janet había laborado con actos psíquicos inconscientes; pero, según actuó en polémicas ulteriores contra el psicoanálisis, ello no era para él más que una expresión auxiliar, une manière de parler, con la que no pretendía indicar nuevos conocimientos.

En una parte teórica de nuestros Estudios, Breuer comunicó algunas ideas especulativas sobre los procesos de excitación en lo psíquico, que han marcado una orientación a investigaciones futuras, aún no debidamente practicadas. Con ellas puso fin a sus aportaciones a este sector científico, pues al poco tiempo abandonó nuestra colaboración.


Psicoanálisis y teoría de la libido. S. Freud. 1923

miércoles, 17 de junio de 2009

PSICOANÁLISIS: XIX - LOS DESTINOS ULTERIORES DEL PSICOANÁLISIS

El pensamiento de la luz. Miguel O. Menassa
Hasta el punto que alcanza lo precedente avanzó el psicoanálisis por la labor personal mía, desarrollada a través de un decenio, durante el cual fui yo el único psicoanalítico. En el año 1906 comenzaron los psiquiatras suizos E. Bleuler y C. G. Jung a tomar viva parte en el análisis. En 1907 se celebró en Salzburgo una primera reunión de sus adeptos. Y poco después llegó ya nuestra joven ciencia a constituir un centro de atención tanto de los psiquiatras como de los profanos. La acogida que halló en Alemania, ansiosa siempre de autoridad, no fue ciertamente nada gloriosa para la ciencia alemana e incluso movió a un partidario tan frío como Bleuler a tomar enérgicamente su defensa. Pero todas las condenaciones oficiales no fueron bastante para detener el crecimiento interno y la difusión externa del psicoanálisis, el cual, en el curso de los diez años siguientes, traspasó las fronteras de Europa y se hizo especialmente popular en los Estados Unidos, a lo cual contribuyó en gran medida la colaboración de J. Putnam (Boston), Ernest Jones (Toronto y luego Londres), Flournoy (Ginebra), Ferenczi (Budapest), Abraham (Berlín) y muchos otros. El anatema declarado sobre el psicoanálisis movió a sus adeptos a reunirse en una organización internacional, que en el año actual (1922) ha celebrado en Berlín su octavo Congreso privado y comprende hoy los grupos locales de Viena, Budapest, Berlín, Holanda, Zurich, Londres, Nueva York, Calcuta y Moscú. Tampoco la guerra interrumpió esta evolución. En 1918-1919 el doctor Anton von Freund (Budapest) fundó la editorial Internationaler Psychoanalytischer Verlag, que publica los libros y revistas consagrados al psicoanálisis. En 1920 fue creada por el doctor Max Eitingon la primera «Policlínica psicoanalítica», consagrada al tratamiento de los enfermos nerviosos pobres. Las traducciones de mis obras principales al francés, al italiano y al español atestiguan el despertar del interés hacia el psicoanálisis también en el mundo romántico.

De 1911 a 1913 se desviaron del psicoanálisis dos ramificaciones, manifiestamente tendentes a mitigar lo que en ella constituía piedra de escándalo. Una de ellas, iniciada por C. G. Jung, que intentaba dar satisfacción a aspiraciones éticas, despojó al complejo de Edipo de su valor real por medio de una transmutación simbólica y desatendió en la práctica el descubrimiento del período infantil olvidado, que pudiéramos llamar «prehistórico». La otra, cuyo iniciador fue Alfred Adler, de Viena, presentaba varios factores del psicoanálisis bajo nombres distintos (por ejemplo, la represión sexualizada como «protesta masculina»), pero en lo demás prescindía de lo inconsciente y de los instintos sexuales e intentaba referir tanto el carácter como la evolución de las neurosis a la voluntad del poderío, la cual tendería a detener por medio de una sobrecompensación los peligros nacidos de inferioridades orgánicas. Ninguna de estas ramificaciones, construidas a modo de sistemas, ha influido duraderamente sobre la evolución del psicoanálisis; de la de Adler se ha visto pronto claramente que no tenía nada que ver con el psicoanálisis al que quería sustituir.


Psicoanálisis y teoría de la libido. S. Freud, 1923

jueves, 11 de junio de 2009

PSICOANÁLISIS: XIII - LA EVOLUCIÓN DE LA LIBIDO


El instinto sexual, cuya manifestación dinámica en la vida anímica es lo que denominamos «libido», se compone de instintos parciales, en los cuales puede también descomponerse de nuevo y que sólo paulatinamente van uniéndose para formar determinadas organizaciones. Fuentes de estos instintos parciales son los órganos somáticos, especialmente ciertas zonas erógenas, pero todos los procesos funcionales importantes del soma procuran también aportaciones a la libido. Los diferentes instintos parciales tienden al principio, independientemente unos de otros, a la satisfacción, pero en el curso de la evolución quedan cada vez más sintetizados y centrados. El primer estadio de la organización (pregenital) de la libido es el oral, en el cual, correlativamente al interés capital del niño de pecho, es la zona bucal la que desempeña el papel principal. A continuación viene la organización sádico-anal, en la cual resaltan especialmente el instinto parcial del sadismo y la zona anal; la diferencia de los sexos es representada en esta fase por la antítesis de actividad y pasividad. El último y definitivo estadio de organización es la síntesis de la mayoría de los instintos parciales bajo la primacía de las zonas genitales. Esta evolución se desarrolla generalmente con gran rapidez y discreción, pero partes aisladas de los instintos permanecen detenidas en los estados previos al desenlace final y producen así las fijaciones de la libido, muy importantes como disposiciones a ulteriores transgresiones de las tendencias reprimidas y que integran una determinada relación con el desarrollo de ulterior neurosis y perversiones (véase, más adelante, «Teoría de la libido»).

Psicoanálisis y teoría de la libido. S. Freud. 1923