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domingo, 2 de enero de 2011

AUTOBIOGRAFÍA. SIGMUND FREUD (1924-1925)

LA HISTERIA Y LA SEXUALIDAD.
He descrito ya varias veces tan detalladamente el estadio inmediato de nuestra disciplina, o sea, el paso desde la catarsis al psicoanálisis propiamente dicho, que ha de serme difícil consignar aquí nada nuevo. El suceso que inició esta transición fue el retraimiento de Breuer de nuestra colaboración, quedando desde este momento en mis manos la administración de su herencia. Ya anteriormente habían surgido entre nosotros algunas diferencias de opinión; pero no habían sido suficientes para separarnos. Para el problema de cuándo se hace patógeno un proceso anímico, esto es, de cuándo queda excluido de un desenlace normal, prefería Breuer una teoría que pudiéramos calificar de fisiológica. Opinaba que los procesos que escapaban a su destino normal eran aquellos que nacían en estados anímicos extraordinarios (estados «hipnoides»). Pero esta solución no hacía sino plantear un nuevo problema: el de cuál podría ser el origen de tales estados hipnoides. Por mi parte, suponía, en cambio, la existencia de un juego de fuerzas, esto es, del efecto de intenciones y tendencias análogas a las observables en la vida anormal, oponiendo así a la «histeria hipnoide» de Breuer la «neurosis de defensa». Pero estas y otras diferencias no hubieran llevado nunca a Breuer a abandonar sus trabajos si no hubiesen venido a agregarse a ellas otros factores. En primer lugar, su extensa clientela le impedía dedicar como yo, toda su actividad a la labor catártica, y, además, influyó sobre él la mala acogida que nuestro libro obtuvo. Su confianza en sí mismo y su capacidad de resistencia no se hallaban a la altura de su restante organización espiritual. Cuando, por ejemplo, dedica Strümpell una durísima crítica a nuestro libro, pude yo dejarla resbalar sobre mí, dándome cuenta de la absoluta incomprensión del exegeta; pero Breuer se irritó y comenzó a sentirse descorazonado. De todos modos, lo que más contribuyó a su decisión fue la imposibilidad de familiarizarse con la nueva orientación que tomaron mis trabajos.
La teoría que habíamos intentado edificar en los Estudios era muy incompleta. Sobre todo, apenas habíamos rozado el problema de la etiología, o sea el de la base del proceso patógeno. Posteriormente hube de comprobar con mayor evidencia cada vez que detrás de las manifestaciones de la neurosis no actuaban excitaciones afectivas de naturaleza indistinta, sino precisamente de naturaleza sexual, siendo siempre conflictos sexuales actuales o repercusiones de sucesos sexuales pasados. He de hacer constar que no me hallaba preparado a tal descubrimiento, totalmente inesperado para mí, que no llevó a la investigación de los sujetos neuróticos prejuicio alguno de este orden. Cuando en 1914 escribí la Historia del movimiento psicoanalítico surgió en mí el recuerdo de algunos dichos de Breuer, Charcot y Chrobak, que podían haberme orientado en este camino. Mas por entonces no comprendí bien lo que tales autoridades querían decir, y sus afirmaciones dormitaron en mí hasta que, con ocasión de las investigaciones catárticas, resurgieron bajo la forma de descubrimiento propio. Tampoco sabía en aquella época que al referir la histeria a la sexualidad había retrocedido a los tiempos más antiguos de la Medicina y me había agregado a un juicio de Platón. Esto último me lo reveló mucho después la lectura de un trabajo de Havelock Ellis. Continúa…

sábado, 14 de agosto de 2010

ETIOLOGÍA DE LA NERVIOSIDAD MODERNA


En esta serie de escritos profesionales he tratado ya de aportar la prueba de esta afirmación. No he de repetirla aquí; pero sí extractaré los argumentos principales deducidos de mis investigaciones. Una continua y penetrante observación clínica nos autoriza a distinguir en los estados neuropatológicos dos grandes grupos: las neurosis propiamente dichas y las psiconeurosis. En las primeras los síntomas somáticos o psíquicos parecen ser de naturaleza tóxica, comportándose idénticamente a los fenómenos consecutivos a una incorporación exagerada o a una privación repentina de ciertos tóxicos del sistema nervioso. Estas neurosis -sintetizadas generalmente bajo el concepto de neurastenia- pueden ser originadas, sin que sea indispensable la colaboración de una tara hereditaria, por ciertas anormalidades nocivas de la vida sexual, correspondiendo precisamente la forma de la enfermedad a la naturaleza especial de dichas anormalidades, y ello de tal manera que del cuadro clínico puede deducirse directamente muchas veces la especial etiología sexual. Ahora bien: entre la forma de la enfermedad nerviosa y las restantes influencias nocivas de la cultura, señaladas por los distintos autores, no aparece jamás tal correspondencia regular. Habremos, pues, de considerar el factor sexual como el más esencial en la causación de las neurosis propiamente dichas.
En las psiconeurosis es más importante la influencia hereditaria y menos transparente la causación. Un método singular de investigación, conocido con el nombre de psicoanálisis, ha permitido descubrir que los síntomas de estos padecimientos (histeria, neurosis obsesiva, etc.) son de carácter psicógeno y dependen de la acción de complejos inconscientes (reprimidos) de representaciones. Este mismo método nos ha llevado también al conocimiento de tales complejos, revelándonos que integran en general un contenido sexual, pues nacen de las necesidades sexuales de individuos insatisfechos y representan para ellos una especie de satisfacción sustitutiva. De este modo habremos de ver en todos aquellos factores que dañan la vida sexual, cohíben su actividad o desplazan sus fines, factores patógenos también de las psiconeurosis. El valor de la diferenciación teórica entre neurosis tóxica y neurosis psicógena no queda disminuido por el hecho de qué en la mayoría de las personas nerviosas puedan observarse perturbaciones de ambos orígenes. Aquellos que se hallen dispuestos a buscar conmigo la etiología de la nerviosidad en ciertas anormalidades nocivas de la vida sexual leerán con interés los desarrollos que siguen, destinados a insertar el tema del incremento de la nerviosidad en más amplio contexto.

De "La moral sexual cultural y la nerviosidad moderna".
Sigmund Freud 1908
Continúa