
En otras ocasiones intenta el paciente dominar cada una de sus ideas obsesivas por medio de un proceso mental lógico, acogiéndose a sus recuerdos conscientes, lo que le lleva a una conducta de examen y duda obsesiva. La preferencia que en este examen obsesivo da el paciente al recuerdo le impulsa y fuerza a coleccionar y conservar los objetos con los que entra en contacto. Los objetos que custodia y las medidas preventivas que adopta pueden clasificarse, según su tendencia en diferentes grupos: medidas de penitencia (ceremoniales molestos, observación de los números), de preservación (supersticiones, minuciosidad, exageración de los escrúpulos); del miedo a delatarse (colección cuidadosa de todo papel escrito, misantropía)
Los casos graves de esta afección culminan en la fijación de los actos ceremoniales y la emergencia de la locura de la duda o en una existencia extravagante del paciente (condicionada por una fobia acompañante)
El carácter esencial de la neurosis obsesiva es la imposibilidad de hacer desaparecer (los rituales, las dudas, los síntomas preventivos, el afecto penoso…) por medio de una actividad psíquica, capaz de conciencia, carácter que no varia por el hecho de que la representación obsesiva aparezca más o menos clara e intensa. La causa de esta condición inatacable de la representación obsesiva y de sus derivados es su conexión con el recuerdo infantil reprimido, de tal manera que una vez conseguido (con el tratamiento psicoanalítico) hacer consciente tal recuerdo se desvanece la obsesión.
Y así como un delirio no marca la diferencia entre neurosis y psicosis; la histeria y la neurosis obsesiva no son privativas de hombre o mujer.
Sabemos que un deseo actual recibe su fuerza de un deseo sexual infantil reprimido. Así sucede que el deseo que sostiene los síntomas de la neurosis obsesiva y la histeria presenta una génesis con la sexualidad infantil y la intervención de mecanismos psíquicos, por lo que el tratamiento debe concebir lo inconsciente en estas dos neuropsicosis de transferencia.
Mientras en la histeria los síntomas se manifiestan en el cuerpo (por conversión), en la neurosis obsesiva es en la mente, estando en juego en el tratamiento de ambas la articulación de teoría, método y técnica.
El neurótico obsesivo es la rana que quiso ser buey (hinchándose tanto que termina reventando), quiere ser el otro semejante y no porque le guste o lo ambicione sino que está condenado por obsesivo a ser el otro, el espectador.
La histérica no pretende seducir (lo hace inconscientemente) ella es la bella indiferente, que se disfraza de mujer porque está condenada a ser eso. Y por muy bella que sea presenta un sentimiento de fealdad interior. Ella es seductora para el otro, pudiendo llegar hasta el borde la cama, sin darse cuenta que ella es seductora y ahí…
En la histeria el hombre es una histérica y la mujer es un histérico. Así muchos homosexuales no lo son, sino que resultan ser histerias encubiertas. La histérica se pregunta, en el inconsciente, ¿qué es una mujer? Y todo lo que se presenta como insatisfecho suscita su deseo.
Un sujeto puede ser varonil sin necesidad de ser hombre ni para ser femenino es necesario ser mujer, pues el resultado es siempre producto de operaciones y mecanismo psíquicos, efecto de un trabajo.
Sólo un obsesivo se pregunta ¿qué es un padre? y se lo pregunta porque quiere saber, está más allá de la muerte, conoció la muerte y es ahora invulnerable. El obsesivo sólo duda de cuestiones determinadas, duda de que exista la muerte, se pregunta ¿qué es un padre? y todo lo que se presenta como imposible suscita su deseo.
En la neurosis obsesiva el deseo que da fuerza (que está en juego) es un deseo imposible. Él nunca desea, siempre está excluido del deseo. El afecto del obsesivo camina por un lado y la representación (la escena) la recuerda perfectamente pero no le afecta. El obsesivo habla de todo siempre con el mismo tono, su realidad no parece tener afectos. El afecto y la representación son conscientes, pero están separados. El obsesivo se siente culpable de algo que no ha cometido. Un melancólico se siente culpable y se lo comunica a todos, regodeándose de su culpabilidad.
Ambas neurosis, la histérica y la obsesiva, tienen mecanismos diferentes de producción de síntomas, pero tanto en la histeria como en la obsesión, son mecanismos psíquicos inconscientes, por ello el tratamiento de estas formas clínicas sólo puede plantearse desde el método psicoanalítico que dice que los síntomas son respuesta a una situación que rebasa al sujeto.
Dr. Carlos Fernández
Los casos graves de esta afección culminan en la fijación de los actos ceremoniales y la emergencia de la locura de la duda o en una existencia extravagante del paciente (condicionada por una fobia acompañante)
El carácter esencial de la neurosis obsesiva es la imposibilidad de hacer desaparecer (los rituales, las dudas, los síntomas preventivos, el afecto penoso…) por medio de una actividad psíquica, capaz de conciencia, carácter que no varia por el hecho de que la representación obsesiva aparezca más o menos clara e intensa. La causa de esta condición inatacable de la representación obsesiva y de sus derivados es su conexión con el recuerdo infantil reprimido, de tal manera que una vez conseguido (con el tratamiento psicoanalítico) hacer consciente tal recuerdo se desvanece la obsesión.
Y así como un delirio no marca la diferencia entre neurosis y psicosis; la histeria y la neurosis obsesiva no son privativas de hombre o mujer.
Sabemos que un deseo actual recibe su fuerza de un deseo sexual infantil reprimido. Así sucede que el deseo que sostiene los síntomas de la neurosis obsesiva y la histeria presenta una génesis con la sexualidad infantil y la intervención de mecanismos psíquicos, por lo que el tratamiento debe concebir lo inconsciente en estas dos neuropsicosis de transferencia.
Mientras en la histeria los síntomas se manifiestan en el cuerpo (por conversión), en la neurosis obsesiva es en la mente, estando en juego en el tratamiento de ambas la articulación de teoría, método y técnica.
El neurótico obsesivo es la rana que quiso ser buey (hinchándose tanto que termina reventando), quiere ser el otro semejante y no porque le guste o lo ambicione sino que está condenado por obsesivo a ser el otro, el espectador.
La histérica no pretende seducir (lo hace inconscientemente) ella es la bella indiferente, que se disfraza de mujer porque está condenada a ser eso. Y por muy bella que sea presenta un sentimiento de fealdad interior. Ella es seductora para el otro, pudiendo llegar hasta el borde la cama, sin darse cuenta que ella es seductora y ahí…
En la histeria el hombre es una histérica y la mujer es un histérico. Así muchos homosexuales no lo son, sino que resultan ser histerias encubiertas. La histérica se pregunta, en el inconsciente, ¿qué es una mujer? Y todo lo que se presenta como insatisfecho suscita su deseo.
Un sujeto puede ser varonil sin necesidad de ser hombre ni para ser femenino es necesario ser mujer, pues el resultado es siempre producto de operaciones y mecanismo psíquicos, efecto de un trabajo.
Sólo un obsesivo se pregunta ¿qué es un padre? y se lo pregunta porque quiere saber, está más allá de la muerte, conoció la muerte y es ahora invulnerable. El obsesivo sólo duda de cuestiones determinadas, duda de que exista la muerte, se pregunta ¿qué es un padre? y todo lo que se presenta como imposible suscita su deseo.
En la neurosis obsesiva el deseo que da fuerza (que está en juego) es un deseo imposible. Él nunca desea, siempre está excluido del deseo. El afecto del obsesivo camina por un lado y la representación (la escena) la recuerda perfectamente pero no le afecta. El obsesivo habla de todo siempre con el mismo tono, su realidad no parece tener afectos. El afecto y la representación son conscientes, pero están separados. El obsesivo se siente culpable de algo que no ha cometido. Un melancólico se siente culpable y se lo comunica a todos, regodeándose de su culpabilidad.
Ambas neurosis, la histérica y la obsesiva, tienen mecanismos diferentes de producción de síntomas, pero tanto en la histeria como en la obsesión, son mecanismos psíquicos inconscientes, por ello el tratamiento de estas formas clínicas sólo puede plantearse desde el método psicoanalítico que dice que los síntomas son respuesta a una situación que rebasa al sujeto.
Dr. Carlos Fernández