domingo, 4 de septiembre de 2011

¿ TU PSICOANALISTA ESTÁ DE VACACIONES ?

El inconsciente, es decir esa “fábrica” donde se tejen los pensamientos, los afectos, la memoria y los mecanismos psíquicos del buen vivir, no descansa nunca: ni en vacaciones, ni los fines de semana y cada noche produce en nuestros sueños, a los guardianes del reparador reposo.
La maquinaría que interviene en esta “fábrica” se construye solamente en vida (no se nace con esa máquina ni con el sistema psíquico) al nacer no sabemos hablar, ni andar, ni mamar, ni respirar…Se nace con un cuerpo insuficiente (ni los nervios están recubiertos de mielina) se nace en un escenario donde poder llegar a vivir de forma madura es un trabajo en el que, desde el principio, otros colaboran y cuando se alcanza una edad adulta, otros siguen colaborando en la construcción de cierto grado de libertad y salud para producir los deseos de cada sujeto. Por eso que cualquier crecimiento, todo éxito es grupal, es un efecto sincrónico en la articulación de muchos trabajos, así se dice que para disfrutar de un café en una terraza se precisan más de treinta trabajos o funciones diferentes.
Si tu psicoanalista está de vacaciones, tienes el derecho de mantener tu análisis, aprender de las interrupciones, esa distancia necesaria de ausencia y presencia que no es espacial, sino temporal, para la producción del deseo.
La escucha del psicoanalista es un instrumento imprescindible en el trabajo del sueño, así en toda profesión altamente cualificada permanece vigente toda función ya guarde relación con la salud, educación o cultura.
Aceptando que el inconsciente trabaja constantemente y necesita soñar para adquirir el proceso reparador del descanso, podemos ahora entender que los mecanismos y operaciones que intervienen en el ocio, la diversión, el goce y lo nuevo son los mismos y acontecen en el mismo aparato y con la misma maquinaria en todo momento, sea noche o día, norte o sur, hombre o mujer, burgués o proletario, heterosexual u homosexual…De tal modo que usted puede disfrutar sus vacaciones y continuar sano, divirtiéndose.
Cuando hablamos de síndrome postvacional, nos referimos a esos veraneantes que vuelven tristes o angustiados, a pesar de haber disfrutado de un tiempo de ocio, por lo que se acabó, pensando en lo que se les viene encima, por descuidar lo que no olvida ni perdona.




Si tu psicoanalista está de vacaciones, puedes leer poesía y escribir alguna carta.

martes, 2 de agosto de 2011

LIBIDO Y NARCISISMO. AUTOBIOGRAFÍA. Sgmund Freud (1924-25)

La historia del psicoanálisis se divide, para mí, en dos períodos, prescindiendo de su prehistoria catártica. En el primero me hallaba totalmente aislado, y tenía que llevar a cabo toda la labor. Este período duró desde 1895-6 a 1906-7. En el segundo, que se extiende desde la última fecha hasta la actualidad, han ido creciendo en importancia las aportaciones de mis discípulos y colaboradores; de manera que hoy, advertido de mi próximo fin por una grave enfermedad, puedo pensar serenamente en el término de mi propio rendimiento. Pero precisamente por tal razón no me es posible tratar en este trabajo de los progresos del psicoanálisis en el segundo período con la misma minuciosidad que he tratado de su paulatina edificación en el primero, lleno exclusivamente de actividad propia.
No me siento con derecho a mencionar aquí sino aquellos nuevos descubrimientos en los que me ha correspondido una amplia participación, o sea, los referentes a la teoría de los instintos y a la aplicación de nuestra disciplina a las psicosis. He de añadir que nuestra creciente experiencia nos ha demostrado cada vez con mayor evidencia que el complejo de Edipo constituye el nódulo de la neurosis, siendo el punto culminante de la vida sexual infantil y el foco del que parten todos los desarrollos ulteriores. Esta circunstancia dio fin a la esperanza de hallar por medio del análisis un factor específico de la neurosis, y hubimos de reconocer que las neurosis no poseen ningún contenido especial exclusivamente peculiar a ellas, y que los neuróticos sucumben bajo el peso de circunstancias que los normales logran dominar felizmente. Este descubrimiento no constituyó para nosotros sorpresa alguna, pues se armonizaba perfectamente con el anteriormente realizado de que psicología de las «profundidades», fruto del psicoanálisis, no era sino la psicología de la vida anímica normal. Nos había, pues, sucedido lo que a los químicos cuando comprobaron que las grandes diferencias cualitativas de los productos se reducían a modificaciones cuantitativas en las proporciones de la combinación de los mismos elementos.
En el complejo de Edipo se nos mostró enlazada la libido a la representación de los progenitores del sujeto; pero éste pasó antes por una época en la que carecía de todo objeto. De esta circunstancia dedujimos la existencia de un estado en el que la libido llena el propio yo, habiéndolo tomado como objeto. Este estado podía denominarse «narcisismo», y no era difícil adivinar que en realidad subsiste siempre, y que el yo continúa siendo a través de toda la vida el gran depósito de libido, del cual emanan las cargas de objeto, y al cual puede retornar la libido desde dichos objetos. Así pues, la libido narcisista se transforma continuamente en libido objetal, y viceversa.
El enamoramiento sexual o sublimado, que llega hasta el sacrificio del sujeto, nos ofrece un excelente ejemplo de la magnitud que esta transformación puede alcanzar. Hasta este momento sólo habíamos atendido en el proceso de la represión a lo reprimido, pero a partir de él nos fue ya posible llegar al conocimiento de los elementos represores. Sabíamos ya que la represión era efectuada por los instintos de conservación que actuaban en el yo (instintos del «yo»), y recaía sobre los instintos libidinosos. Ahora, al reconocer los instintos de conservación como de naturaleza libidinosa, esto es, como libido narcisista, vemos que el proceso de la represión se desarrolla dentro de la libido misma. La libido narcisista se opone a la libido objetal, y el interés de la propia conservación se defiende contra las exigencias del amor objetivo. Continúa…

miércoles, 27 de julio de 2011

AUTOBIOGRAFÍA. SIGMUND FREUD (1924-1925)

LA ASOCIACIÓN LIBRE Y LA INTERPRETACIÓN

Las teorías de la resistencia y de la represión de lo inconsciente, de la significación etiológica de la vida sexual y de la importancia de los sucesos infantiles son los elementos principales del edificio teórico psicoanalítico. Lamento no haber podido descubrirlos aquí sino por separado, sin entrar en su composición y relación; pero es ya tiempo de que dediquemos atención a las modificaciones que poco a poco han ido introduciéndose en la técnica del procedimiento analítico. El vencimiento de la resistencia por medio de la presión ejercida sobre el enfermo fue un primer método indispensable para proporcionar al médico una orientación en la materia; pero a la larga se hacía demasiado penoso, tanto para el médico como para el enfermo, y no parecía libre de ciertos graves defectos.
Hubimos, pues, de sustituirlo por otro método, contrario en cierto sentido. En lugar de llevar al paciente a manifestar algo relacionado con un tema determinado, le invitamos ahora a abandonarse a la asociación libre, esto es a manifestar todo aquello que acuda a su pensamiento, absteniéndose de toda represión final consciente.
Ahora bien: el paciente tiene que obligarse a comunicar realmente todo lo que su autopercepción le ofrezca, sin ceder a las objeciones críticas que tienden a rechazar algunas de sus ocurrencias por carecer de importancia, de conexión con el tema tratado o de todo sentido. Esta absoluta sinceridad del paciente es condición indispensable de la cura analítica. Puede parecer extraño que este procedimiento de la asociación libre, con observancia de la regla fundamental psicoanalítica, diera el rendimiento que de él se esperaba, llevando a la conciencia los elementos reprimidos mantenidos lejos de ella por las resistencias. Pero hemos de tener en cuenta que la asociación libre no entraña realmente una completa libertad.
El paciente permanece bajo la influencia de la situación analítica, aun cuando no dirija su actividad mental hacia un tema determinado. Tenemos derecho a suponer que no se le ocurrirá nada que no se halle relacionado con dicha situación. Su resistencia contra la reproducción de lo reprimido se manifestará ahora en dos formas distintas. Ante todo, por aquellas objeciones críticas a las que responde la regla psicoanalítica fundamental; pero si el enfermo logra dominar tales objeciones siguiendo dicha descripción, la resistencia adoptará una segunda forma, consiguiendo que las ocurrencias del paciente no contengan jamás lo reprimido, sino sólo algo como una alusión a ello, y cuanto mayor sea la resistencia, más se alejará la ocurrencia sustitutiva comunicada de los elementos reprimidos buscados. Continúa…