domingo, 30 de enero de 2011

SEGUNDA FASE DE LA MASTURBACIÓN INFANTIL

La masturbación del niño de pecho desaparece aparentemente después de corto tiempo, pero puede conservarse sin solución de continuidad hasta la pubertad, constituyendo entonces la primera gran desviación del desarrollo propuesto a todo hombre civilizado. En los años infantiles posteriores a la lactancia, generalmente antes del cuarto año, suele despertar nuevamente el instinto sexual de esta zona genital y conservarse hasta una nueva represión o continuar sin interrupción ninguna. Se presentan aquí casos muy diferentes, para cuya explicación habríamos de analizar cada uno de ellos en particular, pero todas las peculiaridades de esta segunda actividad sexual infantil dejan en la memoria del individuo las más profundas huellas (inconscientes) y determinan el desarrollo de su carácter cuando sigue poseyendo salud, o la sintomatología de su neurosis cuando enferma después de la pubertad. En este último caso se olvida este período sexual y se desplazan los recuerdos conscientes con él ligados. Ya he formulado mi opinión de que la amnesia infantil normal está ligada a esta actividad sexual infantil. La investigación psicoanalítica consigue volver a traer a la conciencia lo olvidado y hacer desaparecer de esta manera una obsesión emanada de este material psíquico inconsciente.
“Tres ensayos para una teoría sexual” S. Freud (1905)

sábado, 29 de enero de 2011

ACTIVIDAD DE LAS ZONAS GENITALES

Entre las zonas erógenas del cuerpo infantil hállase una que, si ciertamente no desempeña el papel principal ni puede ser tampoco el substrato de las primeras excitaciones sexuales, está, sin embargo, destinada a adquirir una gran importancia en el porvenir. Tanto en el sexo masculino como en el femenino se halla esta zona relacionada con la micción (pene, clítoris), y en los varones, encerrada en un saco mucoso, de manera que no pueden faltarle estímulos, producidos por las secreciones, que aviven tempranamente la excitación sexual.
Las actividades sexuales de esta zona erógena, que pertenecen al verdadero aparato sexual, constituyen el comienzo de la ulterior vida sexual «normal». La situación anatómica, el contacto con las secreciones, los lavados y frotamientos de la higiene corporal y determinadas excitaciones accidentales (como la emigración de los oxiuros en las niñas), hacen inevitable que la sensación de placer que puede emanar de esta parte del cuerpo se haga notar en los niños ya en su más temprana infancia y despierte en ellos un deseo de repetición. Si consideramos el conjunto de circunstancias antes apuntadas y pensamos que la aplicación de las reglas de higiene corporal produce resultados excitantes iguales a los que la suciedad produciría, habremos de concluir que el onanismo del niño de pecho, al cual no escapa ningún individuo, prepara la futura primacía de esta zona erógena con respecto a la actividad sexual. El acto que hace cesar el estímulo y determina la satisfacción consiste en un frotamiento con la mano o en una presión en los muslos, uno contra otro. Este último acto es el más frecuente en las muchachas. La preferencia de los niños por el frotamiento con la mano nos indica qué importantes aportaciones proporcionará en lo futuro el instinto de aprehensión a la actividad sexual masculina.
Para mayor claridad, distinguiremos tres fases de la masturbación infantil; la primera de ellas pertenece a la edad de la lactancia; la segunda, a la corta época de florecimiento de la actividad sexual, aproximadamente hacia el cuarto año, y solamente la tercera corresponde a la masturbación de la pubertad, que es casi la única a que hasta hoy se ha dado importancia.
“Tres ensayos para una teoría sexual” S. Freud (1905)

viernes, 28 de enero de 2011

LAS MANIFESTACIONES SEXUALES MASTURBATORIAS / ACTIVIDAD DE LA ZONA ANAL

LAS MANIFESTACIONES SEXUALES MASTURBATORIAS
Comprobamos con satisfacción que ya no nos queda mucho que averiguar acerca de la actividad sexual infantil, una vez que el examen de una única zona erógena nos ha revelado los caracteres esenciales del instinto. Las diferencias principales se refieren tan sólo al procedimiento empleado para alcanzar la satisfacción. Este procedimiento, que para la zona buco-labial consistía, según ya hemos visto, en la succión, quedaría constituido por otras distintas actividades musculares, según la situación y las propiedades de la zona erógena de que se trate.
ACTIVIDAD DE LA ZONA ANAL
También la zona anal es, como la zona bucolabial, muy apropiada por su situación para permitir el apoyo de la sexualidad en otras funciones fisiológicas. La importancia erógena originaria de esta zona ha de suponerse muy considerable. Por medio del psicoanálisis llegamos a conocer, no sin asombro, qué transformación experimentan las excitaciones sexuales emanadas de la zona anal y con cuánta frecuencia conserva esta última, a través de toda la vida, cierto grado de excitabilidad genital. Los trastornos intestinales, tan frecuentes en los años infantiles, hacen que no falten nunca a esta zona intensas excitaciones. Los catarros intestinales padecidos en la infancia convierten al sujeto -empleando la expresión corriente- en un individuo «nervioso», y ejercen, en posteriores enfermedades de carácter neurótico, una influencia determinante sobre las manifestaciones sintomáticas de la neurosis, a cuya disposición ponen una gran cantidad de trastornos digestivos. Teniendo en cuenta el carácter erógeno de la zona anal, el cual es conservado permanentemente por la misma, cuando menos en una forma modificada, no podremos ya burlarnos de la antigua opinión médica que atribuía a las hemorroides una gran importancia para la génesis de ciertos estados neuróticos.
Aquellos niños que utilizan la excitabilidad erógena de la zona anal, lo revelan por el hecho de retardar el acto de la excreción, hasta que la acumulación de las materias fecales produce violentas contracciones musculares, y su paso por el esfinter, una viva excitación de las mucosas. En este acto, y al lado de la sensación dolorosa, debe de aparecer una sensación de voluptuosidad. Uno de los mejores signos de futura anormalidad o nerviosidad es, en el niño de pecho, la negativa a verificar el acto de la excreción cuando se le sienta sobre el orinal; esto es, cuando le parece oportuno a la persona que está a su cuidado, reservándose el niño tal función para cuando a él le parece oportuno verificarla. Naturalmente el niño no da importancia a ensuciar su cuna o sus vestidos, y sólo tiene cuidado de que al defecar no se le escape la sensación de placer accesoria. Las personas que rodean a los niños sospechan también aquí la verdadera significación de este acto, considerando como un «vicio» del niño la resistencia a defecar en el orinal. El contenido intestinal se conduce, pues, al desempeñar la función de cuerpo excitante de una mucosa sexualmente sensible, como precursor de otro órgano que no entrará en acción sino después de la infancia. Pero, además, entraña para el infantil sujeto otras varias e importantes significaciones. El niño considera los excrementos como una parte de su cuerpo y les da la significación de un «primer regalo», con el cual puede mostrar su docilidad a las personas que le rodean o su negativa a complacerlas. Desde esta significación de «regalo» pasan los excrementos a la significación de «niño»; esto es, qué según una de las teorías sexuales infantiles representan un niño concebido por el acto de la alimentación y parido por el recto.
La retención de las masas fecales intencionada, por tanto, al principio, para utilizarlas en calidad de excitación masturbadora de la zona anal o como un medio de relación del niño, constituye además una de las raíces del estreñimiento tan corriente en los neurópatas. La importancia de la zona anal se refleja luego en el hecho de que se encuentran pocos neuróticos que no posean sus usos y ceremonias especiales, escatológicos, mantenidos por ellos en el más profundo secreto. En los niños de más edad no es nada raro hallar una excitación masturbatoria de la zona anal con ayuda de los dedos y provocada por un prurito condicionado centralmente o mantenido periféricamente.
“Tres ensayos para una teoría sexual” S. Freud (1905)

jueves, 27 de enero de 2011

FIN SEXUAL INFANTIL

El fin sexual del instinto infantil consiste en hacer surgir la satisfacción por el estímulo apropiado de una zona erógena elegida de una u otra manera. Esta satisfacción tiene que haber sido experimentada anteriormente para dejar una necesidad de repetirla, y no debe sorprendernos hallar que la naturaleza ha encontrado medio seguro de no dejar entregado al azar el hallazgo de tal satisfacción. Con respecto a la zona bucal, hemos visto ya que el dispositivo que llena esta función es la simultánea conexión de esta parte del cuerpo con la ingestión de los alimentos. Ya iremos encontrando otros dispositivos análogos como fuentes de la sexualidad. El estado de necesidad que exige el retorno de la satisfacción se revela en dos formas distintas: por una peculiar sensación de tensión, que tiene más bien un carácter displaciente, y por un estímulo o prurito, centralmente condicionado y proyectado en la zona erógena periférica. Puede, por tanto, formularse también el fin sexual diciendo que está constituido por el acto de sustituir el estímulo proyectado en la zona erógena por aquella otra excitación exterior que hace cesar la sensación de prurito, haciendo surgir la de satisfacción. Esta excitación exterior consistirá, en la mayoría de los casos, en una manipulación análoga a la succión. El hecho de que la necesidad pueda ser también despertada periféricamente, por una verdadera transformación de la zona erógena, concuerda perfectamente con nuestros conocimientos psicológicos. Unicamente puede extrañarnos que una excitación necesite para cesar una segunda y nueva excitación producida en mismo sitio.
“Tres ensayos para una teoría sexual” S. Freud (1905)

miércoles, 26 de enero de 2011

EL FIN DE LA SEXUALIDAD INFANTIL


CARACTERES DE LAS ZONAS ERÓGENAS

Caracteres de las zonas erógenas. -Del ejemplo de la succión pueden deducirse aún muchos datos para el conocimiento de las zonas erógenas. Son estas parte de la epidermis o de las mucosas en las cuales ciertos estímulos hacen surgir una sensación de placer de una determinada cualidad. No cabe duda que los estímulos productores de placer están ligados a condiciones especiales que no conocemos. El carácter rítmico debe juzgar entre ellas un importante papel. Menos decidida aún está la cuestión de si se puede considerar como «específico» el carácter de la sensación de placer que la excitación hace surgir. En esta «especificidad» estaría contenido el factor sexual. En las cuestiones del placer y del dolor anda aún la Psicología tan a tientas, que la hipótesis más prudente es la que debe preferirse. Más tarde llegaremos quizá a bases sólidas sobre las cuales podamos apoyar la «especificidad» de la sensación de placer. La cualidad erógena puede hallarse señaladamente adscrita a determinadas partes del cuerpo. Existen zonas erógenas predestinadas, como nos enseña el ejemplo del «chupeteo»; pero el mismo ejemplo nos demuestra también que cualquier otra región de la epidermis o de la mucosa puede servir de zona erógena; esto es, que posea a priori una determinada capacidad para serlo.
Así pues, la cualidad del estímulo influye más en la producción de placer que el carácter de la parte del cuerpo correspondiente. El niño que ejecuta la succión busca por todo su cuerpo y escoge una parte cualquiera de él, que después, por la costumbre, será la preferida. Cuando en esta busca tropieza con una de las partes predestinadas (pezón, genitales), conservará ésta siempre tal preferencia. Una capacidad de desplazamiento análoga reaparece después en la sintomatología de la histeria. En esta neurosis, la represión recae principalmente sobre las zonas genitales propiamente dichas y éstas transmiten su excitabilidad a las restantes zonas erógenas, que en la vida adulta han pasado a un segundo término y que en estos casos vuelven a comportarse nuevamente como genitales. Pero, además, como sucede en la succión, toda otra parte del cuerpo puede llegar a adquirir igual excitabilidad que los genitales y ser elevada a la categoría de zona erógena. Las zonas erógenas y las histerógenas muestran los mismos caracteres.
“Tres Ensayos para una Teoría Sexual” S. Freud (1905)

sábado, 22 de enero de 2011

INTERRUPCIONES DEL PERIODO DE LATENCIA

Sin hacernos ilusiones sobre la naturaleza hipotética y la deficiente claridad de nuestro conocimiento de los procesos del período de latencia infantil, queremos volver a la realidad para observar que esta utilización de la sexualidad infantil representa un ideal educativo, del cual se desvía casi siempre el desarrollo del individuo en algún punto y con frecuencia en muchos. En la mayoría de los casos logra abrirse camino un fragmento de la vida sexual que ha escapado a la sublimación, o se conserva una actividad sexual a través de todo el período de latencia hasta el impetuoso florecimiento del instinto sexual en la pubertad. Los educadores se conducen -cuando conceden alguna atención a la sexualidad infantil- como si compartieran nuestras opiniones sobre la formación de los poderes morales de defensa a costa de la sexualidad, y como si supieran que la actividad sexual hace a los niños ineducados, pues persiguen todas las manifestaciones sexuales del niño como «vicios», aunque sin conseguir grandes victorias sobre ellos. Debemos, por tanto, dedicar todo nuestro interés a estos fenómenos tan temidos por la educación, pues esperamos que ellos nos permitan llegar al conocimiento de la constitución originaria del instinto sexual. Continúa…
“Tres ensayos para una teoría sexual” S. Freud (1905)

viernes, 21 de enero de 2011

FORMACIÓN REACTIVA Y SUBLIMACIÓN

¿Con qué elementos se constituyen estos diques tan importantes para la cultura y la normalidad ulteriores del individuo? Probablemente a costa de los mismos impulsos sexuales infantiles, que no han dejado de afluir durante este período de latencia, pero cuya energía es desviada en todo o en parte de la utilización sexual y orientada hacia otros fines. Los historiadores de la civilización coinciden en aceptar que este proceso, en el que las fuerzas instintivas sexuales son desviadas de sus fines sexuales y orientadas hacia otros distintos -proceso al que se da el nombre de sublimación-, proporciona poderosos elementos para todas las funciones culturales. Por nuestra parte añadiremos que tal proceso interviene igualmente en el desarrollo individual y que sus orígenes se remontan al período de latencia sexual infantil . También sobre el mecanismo de esta sublimación puede formularse una hipótesis. Los impulsos sexuales de estos años infantiles serían inaprovechables, puesto que la función reproductora no ha aparecido todavía, circunstancia que constituye el carácter esencial del período de latencia. Pero, además, tales impulsos habrían de ser perversos de por sí, partiendo de zonas erógenas e implicando tendencias que, dada la orientación del desarrollo del individuo, sólo podrían provocar sensaciones displacientes. Harán, pues, surgir fuerzas psíquicas contrarias que erigirán para la supresión de tales sensaciones displacientes los diques psíquicos ya citados (repugnancia, pudor, moral). Continúa…
“Tres ensayos para una teoría sexual” S. Freud (1905)